
Los truenos y las explosiones de los petardos pueden causar desde inquietud hasta un miedo intenso o pánico. No todos los perros reaccionan igual: algunos buscan estar cerca de su familia, mientras que otros prefieren apartarse o esconderse. La respuesta también puede variar según la intensidad del ruido y la experiencia previa del animal. Observar sus señales ayuda a comprender lo que necesita y a ofrecerle apoyo sin añadir presión.
¿Cómo saber que tú perro está asustado?
Entre las señales frecuentes están el jadeo, los temblores, las orejas hacia atrás, esconderse, caminar sin descanso, ladrar o salivar más de lo habitual. Algunos perros intentan escapar o rechazan la comida, incluso si normalmente la aceptan con entusiasmo. Estas reacciones no son desobediencia ni una forma de portarse mal: expresan miedo. Regañarlo o castigarlo puede aumentar su angustia y hacer que se sienta menos seguro justo cuando necesita tranquilidad.
Preparar un refugio interior puede darle un lugar familiar donde resguardarse. Elige una habitación o un rincón tranquilo, alejado de las ventanas, y coloca allí su cama, mantas y objetos conocidos. Procura que pueda entrar y salir por decisión propia; no lo encierres ni lo obligues a esconderse. Cierra puertas y ventanas, baja las persianas y retira objetos que pudieran caer o con los que pudiera lastimarse si se mueve nerviosamente.
Es mejor presentar ese espacio antes de que comiencen los ruidos, no solo cuando ya está asustado. Puedes acompañarlo allí durante momentos de calma, ofrecerle una actividad agradable o dejar que descanse con sus pertenencias. Así, el refugio se asocia con experiencias positivas y no únicamente con tormentas o petardos. Durante el episodio, mantén un ambiente sereno y permite que el perro elija dónde sentirse más protegido, sin forzarlo a permanecer en un sitio concreto.
¿Cómo actuar en esos momentos para reducir su estrés?
Durante una tormenta o una sesión de petardos, la presencia tranquila de las personas de confianza puede ayudar al perro a sentirse más seguro. Mantén una actitud serena y háblale con voz suave, sin dramatizar ni obligarlo a interactuar. Si se acerca y parece buscar consuelo, puedes acariciarlo o permanecer junto a él; si se aparta, respeta su espacio. Consolarlo no refuerza el miedo: es una forma de ofrecer apoyo ante algo que le resulta amenazante. En cambio, no lo regañes, no lo sujetes por la fuerza y no lo acerques al ruido con la idea de que así se acostumbrará. La exposición forzada puede aumentar su angustia.
Reduce los estímulos del exterior cerrando ventanas y bajando persianas o cortinas. Un sonido continuo y moderado, como música tranquila o ruido blanco, puede amortiguar los estallidos; mantenlo a un volumen confortable, nunca tan alto que añada otra molestia. Deja a su alcance agua fresca, su cama y los escondites que suele elegir. Si el perro conserva suficiente calma y muestra interés, puedes ofrecerle un juguete rellenable o una actividad sencilla. No insistas si no quiere comer, jugar o salir de su refugio.

Si busca esconderse, permíteselo siempre que el lugar sea seguro, esté ventilado y no haya objetos que puedan caer o lastimarlo. Evita sacarlo de allí para tranquilizarlo o comprobar cómo está repetidamente; puedes observarlo a cierta distancia y asegurarte de que tenga una vía de salida. La prevención de escapes también es esencial, porque un ruido repentino puede hacer que huya. Mantén bien cerradas y aseguradas puertas, ventanas y accesos al jardín, y pide a las personas de la casa que tengan cuidado al entrar o salir. Si es necesario pasearlo, utiliza siempre correa y comprueba antes que lleva una identificación actualizada. Incluso un perro obediente puede reaccionar de forma imprevisible cuando está asustado.
La preparación para ayudar a un perro sensible al ruido conviene iniciarla en días tranquilos, lejos de tormentas o celebraciones. La desensibilización consiste en exponerlo de forma gradual a sonidos relacionados con aquello que le asusta, mientras el contracondicionamiento los asocia con experiencias agradables. Para empezar, utiliza grabaciones de tormentas o petardos a un volumen apenas audible, siempre que el perro se mantenga relajado. Ofrécele premios, un juego que disfrute o una actividad tranquila durante la reproducción.
Si permanece cómodo en varias sesiones, aumenta el volumen en incrementos muy pequeños. Las prácticas deben ser breves y terminar antes de que aparezca malestar. Observa señales como tensarse, jadear, esconderse, intentar escapar o dejar de aceptar comida. Si notas alguna, reduce el volumen o detén la sesión y vuelve, en otra ocasión, a un nivel más fácil. No pongas grabaciones intensas para comprobar su reacción ni provoques sobresaltos: una exposición demasiado fuerte puede aumentar el miedo en vez de reducirlo.


